La Punga es muy persistente. Por ejemplo, cuando quiere urgentemente algo, como comer en la cocina o salir -o sea, que le abra la puerta. Ha llegado a saltar sobre mí desde un lado de la cama, para despertarme. Cuando logra enlazarme, me dirige caminando delante de mí y mirando hacia atrás para asegurarse de que la sigo. Se comporta en todo como la vieja india de la película 'Un hombre llamado caballo'. La señora india había adoptado al héroe como esclavo y se paseaba por la aldea jalándolo por una cuerda, pretendiendo que era caballo -hasta le obligaba a relinchar. Pues, así me siento cuando la Punga me dirige: como si me fuera jalando con un cordel.
domingo, febrero 05, 2012
Punga habla por asociación
Cuando quiere atún, me dirige a la nevera y se sienta frente a la puerta. Cuando quiere galleticas, se para junto a su cuenco. Eso me lo enseñó ella a mí.
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Un hombre llamado Caballo
Juanito roba las mantas del dormidero
Juanito es el único que interviene su entorno. Ayer retiró las mantas de las cajas-camas (que no tienen uso exclusivo) y las puso en su propia caja, haciéndose una cama más blanda y dejando que los otros duerman sobre el cartón.
He contado que Amada mea su cama casi todos los días. Juanito se encarga de empujar o jalar la caja meada y fétida hacia el patio, y a veces la ha llevado hasta más atrás, donde pega el sol.
Sin embargo, los otros no lo imitan... todavía.
Sin embargo, los otros no lo imitan... todavía.
jueves, enero 26, 2012
Ramón aprende a reír
En estas últimas dos semanas han pasado cosas extraordinarias:
1. Ernesto apredió a lamer, como los otros. Hace unos días me lamió por primera vez, aunque posteriormente ha dejado de hacerlo. Dicho sea de paso, creo que Ernesto tiene un déficit de socialización y le cuesta expresarse emocionalmente. Estoy seguro que se siente inmensamente protegido y es feliz.
2. Ramón aprendió a reír. Sí, fue una visión formidable, Ramón sonriéndome por primera vez. Ramón es el más viejo, de doce o trece años, según nos dijeron las veterinarias. Nunca había aprendido a reír. Es igualmente inmensamente feliz.
3. Lolita nunca olvida de agradecer después de comer. Tras comer, que toma su buen tiempo pues es la más lenta de todas, se acerca adonde esté y me ríe y me lame las manos o las rodillas. Enseguida se marcha a buscar un sitio donde echarse la siesta. Y a veces se acerca y solamente me mira, y se marcha. Parece que es su manera de decir gracias.
4. Juanito nunca olvida saludarme cuando entra a casa y es lo primero que hace. Se alza y pone sus patas delanteras en mis piernas y me lame las manos.
5. Ayer se rebalsó el depósito de agua y salí pues corriendo a apagar el motor. Apenas abrí la puerta, Juanito se puso delante de mí y echó a correr, guiándome claramente, hasta la boca de la manguera, donde se puso a mirarme, a ladrar y a mover la cola. "¡Oye, por aquí está saliendo el agua!" Juanito es inmensamente inteligente. Es feliz. Adora que su madre (la Pepa) lo acepte en su regazo, donde se echa a dormir plácidamente. Le encantan los extraños, sobre todo el tesoro en olores que trae cada uno de ellos. ¿Qué leerá en esos olores?
6. Vi lo siguiente: entró la Punga desde el jardín y al llegar a la puerta de la cocina se detuvo y oyó ruidos que venían de sus cuencos en la cocina. Se instaló al lado de la puerta, y cuando venía saliendo de ahí pues Nora que era la que hurgaba por ahí, le mandó unas amenazas de arañazos. Le está diciendo: "¡Cuidado, desgraciada, te pillé chupeteando mis platos!" Eso es justamente lo extraordinario, porque no reacciona así con Lolita ni Ernesto, por ejemplo, que cuando ella come, a veces, se echan a esperar que termine para ir a chupetear lo que quede y se empiezan a acercar apenas ella se aleja de los cuencos. Punga deja a veces una que otra sobra. A veces no deja nada.
miércoles, noviembre 23, 2011
Punga y Lolita se dan un beso
Estaban en la puerta, en el primero de dos escalones, Punga y Lolita, nariz contra nariz, y Lolita le dio unos lengüetazos en la cara y la Punga dio un respingo, totalmente espontánea, y se echó hacia atrás y se entró. Eso fue un beso.
Punga andaba de parranda
Los perros Ramón, Lolita, Nora y Ernesto me despertaron gimiendo en el pasillo a eso de las cinco de la mañana y yo pensé que querían salir a mear (ese es el convenio que hemos firmado). Así que salieron reluctantemente, Lolita incluso quiso devolverse y en lugar de salir corriendo hacia el patio, se quedaron junto a la puerta. Era evidente que no era por eso que me habían despertado. Así que abrí la puerta principal y ahí estaba la causa: la gata Punga volvía tarde de la parranda. Seguramente se puso a llamar frente a la puerta y los susodichos me fueron a despertar para que le abriera. Les abrí para que entraran. Seguramente se habrán reído de mí.
lunes, octubre 31, 2011
Ernesto y su sentido de urgencia
Cuando Ernesto quiere salir al patio, se sienta junto a la puerta y la araña, para volverse enseguida hacia mí o la Pepa. La idea es que le abras. Pero no es urgente, puede esperar, como ocurre a veces que no reaccionas de inmediato a abrirle la puerta porque estás ocupado en otra cosa.
Pero cuando es urgente hace lo mismo: se dirige a la puerta, la araña, pero en lugar de volverse a mirarnos, se queda parado con la cabeza contra la puerta, sin volverse a mirarnos. Eso significa: Me tienes que abrir ahora!
Lo más increíble de todo es que nunca le hemos enseñado ese código. Son inventos de él.
Pero cuando es urgente hace lo mismo: se dirige a la puerta, la araña, pero en lugar de volverse a mirarnos, se queda parado con la cabeza contra la puerta, sin volverse a mirarnos. Eso significa: Me tienes que abrir ahora!
Lo más increíble de todo es que nunca le hemos enseñado ese código. Son inventos de él.
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Ernesto y Nora bailan salsa
Anoche la Pepa y yo nos pusimos a bailar salsa y en cuestión de segundos se nos unieron Nora y Ernesto, mientras Ramón y Lolita miraban. Nora se levanta en sus patas traseras y se acerca a mí, o a la Pepa, para que la llevemos por sus patas delanteras. Ernesto es todavía más impresionante, porque se pone frente a alguno de nosotros y agacha la cabeza moviéndola de un lado a otro y mueve las patas delanteras, como cuando nos llama la atención -que es como que araña- y gira sobre sí mismo. Impresionante. Luego se unió Lolita, pero es coja y no puede hacer lo mismo que Nora. Pero todos riendo y disfrutando del baile. Y no estoy antromorfizando nada.
Obviamente saben cuando estás alegre y comparten la alegría, recurriendo a tu idioma -o sea, riendo y moviéndose como tú -de cierta manera, imitándote. Muchas veces los chuchos en casa parecen más bien monos: pueden ser muy comunicativos y te gastan bromas -como ladrar anunciando extraños para que abras la puerta y meterse a la mala (no invitados) a la casa.
Obviamente saben cuando estás alegre y comparten la alegría, recurriendo a tu idioma -o sea, riendo y moviéndose como tú -de cierta manera, imitándote. Muchas veces los chuchos en casa parecen más bien monos: pueden ser muy comunicativos y te gastan bromas -como ladrar anunciando extraños para que abras la puerta y meterse a la mala (no invitados) a la casa.
lunes, septiembre 12, 2011
Ernesto se comunica
En estos últimos meses, Ernesto y yo nos comunicamos mucho mejor. Estoy convencido que el afecto mutuo es fundamental a la hora de elaborar formas de comunicación de manera espontánea, y a la hora de comunicarse sin protocolos previos.
Ocurre a menudo que me recluyo a descansar, o ver tele, en el cuarto 3. Ernesto va a verme. Si la puerta está entreabierta y quiere verme, la empuja y entra, y salta al sillón y se acomoda a mi lado. A veces se echa a dormir así. Si la puerta está entreabierta y quiere decirme que tiene hambre o que cree que la comida está lista (porque ha estado oyendo hervir la cacerola), entra, mi mira con los ojos grandes y cara de loco (la misma cara que pone cuando lo bañamos) y vuelve a salir para golpear nuevamente a la puerta por fuera, pero sin entrar. ¿No es impresionante?
Si la puerta está cerrada, golpea. Pero si lo que me quiere decir es que tiene hambre, cuando le abro no entra sino que permanece ahí, por fuera, y vuelve a golpear la puerta, aunque esté abierta.
Ocurre a menudo que me recluyo a descansar, o ver tele, en el cuarto 3. Ernesto va a verme. Si la puerta está entreabierta y quiere verme, la empuja y entra, y salta al sillón y se acomoda a mi lado. A veces se echa a dormir así. Si la puerta está entreabierta y quiere decirme que tiene hambre o que cree que la comida está lista (porque ha estado oyendo hervir la cacerola), entra, mi mira con los ojos grandes y cara de loco (la misma cara que pone cuando lo bañamos) y vuelve a salir para golpear nuevamente a la puerta por fuera, pero sin entrar. ¿No es impresionante?
Si la puerta está cerrada, golpea. Pero si lo que me quiere decir es que tiene hambre, cuando le abro no entra sino que permanece ahí, por fuera, y vuelve a golpear la puerta, aunque esté abierta.
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lunes, marzo 28, 2011
Lolita defiende a Ernesto
El sábado estaba sentado a la puerta de la biblioteca mientras Lolita dormía a mi lado y Enesto daba un paseo por los quioscos. De pronto lo atacó un perro grande -un labrador diez veces más grande. Ernesto se puso a gritar y escapó. Lolita despertó y se puso a ladrar contra el agresor, pero sin atacarlo ni avanzar.
Era tan claro que le estaba reprochando que le pegara a Ernesto.
Era tan claro que le estaba reprochando que le pegara a Ernesto.
jueves, marzo 24, 2011
Ramón durmió en la cama grande
Ramón, al que nos costó un año que perdiera el miedo a entrar en casa, ahora que entra más libremente para echarse en el recibidor ha empezado a explorar el resto de la casa. Hace unos días lo encontramos despaturrado en nuestra cama matrimonial. Cuando vio a la Pepa, escapó hacia su lugar habitual, una manta y un tapete imitación pelaje de cordero (que llamamos vellocinos), tipo indestructible (muy adecuados para perros). Claro, dice Ramón, no hay ninguna comparación posible. La cama es de lejos mejor. Con sus treinta kilos, el vellocino le debe parecer un pariente super lejanísmo del colchón para humanos.
Deberíamos hacerle un colchón grueso, blando, alto y cómodo a la medida. Seguro que dormir en cama humana es algo que no había imaginado nunca.
Deberíamos hacerle un colchón grueso, blando, alto y cómodo a la medida. Seguro que dormir en cama humana es algo que no había imaginado nunca.
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Punga mató a un ratón y se lo comió
En la mañana descubrimos que había cagarrutias de ratón en la cocina y en la despensa, y descubrimos que Punga también lo sabía. Punga estuvo rondando por ahí gran parte del día.
En la noche oí gritar a Pepa, que estaba en la cocina. Y ahí estaba la Punga con el ratón patas arriba y entre sus garras. Antes de que intentáramos quitárselo, un terrible crujido nos dijo que la gata había triturado su esqueleto. Se lo tragó y masticó y se relamió los bigotes cuando todavía no salíamos del asombro. Dejó el rabo con una parte carnosa llena de sangre. Se comió incluso la cabeza.
Hay por lo menos un ratón más, y no sabemos cómo decirle que mejor se va.
En la noche oí gritar a Pepa, que estaba en la cocina. Y ahí estaba la Punga con el ratón patas arriba y entre sus garras. Antes de que intentáramos quitárselo, un terrible crujido nos dijo que la gata había triturado su esqueleto. Se lo tragó y masticó y se relamió los bigotes cuando todavía no salíamos del asombro. Dejó el rabo con una parte carnosa llena de sangre. Se comió incluso la cabeza.
Hay por lo menos un ratón más, y no sabemos cómo decirle que mejor se va.
viernes, enero 21, 2011
punga mató a un murciélago
La Punga mató a un murciélago y lo dejó en el huerto.
La Punga entró corriendo a casa con una lagartija en su boca. Le pegamos un grito (la Pepa y yo), soltó a su presa y corrió a esconderse en la parte de atrás. La lagartija se metió por debajo de un librero. Al día siguiente la encontramos arriba en una viga, lo que quiere decir que pasó la noche en casa. Abrimos la puerta, por donde daba el sol, para indicarle la ruta de escape. Luego la empujé un poco con un papel. Empezó a acercarse. Un minuto después estaba tomando sol en la escalera.
¿Qué pasó con el murciélago?
La Punga entró corriendo a casa con una lagartija en su boca. Le pegamos un grito (la Pepa y yo), soltó a su presa y corrió a esconderse en la parte de atrás. La lagartija se metió por debajo de un librero. Al día siguiente la encontramos arriba en una viga, lo que quiere decir que pasó la noche en casa. Abrimos la puerta, por donde daba el sol, para indicarle la ruta de escape. Luego la empujé un poco con un papel. Empezó a acercarse. Un minuto después estaba tomando sol en la escalera.
¿Qué pasó con el murciélago?
jueves, diciembre 02, 2010
ernesto entra voluntariamente a la cárcel
Parte 1.
Antes de ayer Ernesto trató de escapar y Pepa lo sorprendió. Reprochándole el intento de fuga, lo puse en el suelo y se echó a correr hacia la cárcel, que tenía puerta cerrada. Se quedó esperándome hasta que me acerqué y abrí la puerta del canil donde pasaría, en castigo, las próximas horas, probablemente durmiendo en la caseta que hay dentro del canil, encima de un blando cojín. Pues esa es la cárcel, una jaula grande que construimos cuando adoptamos a Amada y Juanito, que tenían ambos sarna y debíamos apartar del resto. Una vez curados, la jaula quedó inútil y hace las veces de cárcel.
Sin embargo, me confirmó que Ernesto y yo compartíamos el mismo código con respecto a la jaula; que el encierro es un castigo severo por faltas graves, como tratar de escapar. Como ya le había castigado algunas veces, estableció la relación entre escapar -tratar de escapar o volver después de la fuga- y el turno en la jaula. Eso me parece extraordinario.
Detesto no poder resolver este dilema: a mí no me parece mal que los perros anden en la calle. Al contrario, creo que tienen derecho a salir a pasear y a ver a sus amigos y jugar sus juegos. También escucho que andar sin supervisión puede ser peligroso para ellos. Es verdad. Pero corren el mismo peligro sin o con supervisión, y a veces todavía más. Si sales con tus perros y los sueltas, como hago yo, en cualquier momento puede uno de ellos correr hacia la calle y morir arrollado por un auto, y ese riesgo es mayor si lo empiezas a llamar para evitar que lo arrollen. También creo que el riesgo es una condición de la autonomía.
Sin embargo, aunque no religiosamente, cuando Ernesto se escapa, lo meto a la cárcel. Incomprensible. Bien, a partir de hoy la jaula no se usará más como cárcel sino como sala de descanso. De hecho, ya la empezaron a usar así. Días atrás, Nora salió de casa al jardín (ahí está el canil) y se metió a la cárcel a echarse una siesta. También sorprendí a Juanito en el canil, una vez que entró clandestinamente al jardín.
Parte 2.
Hace unos días entraron de noche al jardín huerto Amada y Juanito. No creo que Ramón, porque sino los destrozos habrían sido mayúsculos. Pues bien, no destruyeron nada porque se fueron directamente a las trenzas de cochayuyo que había colgado la Pepa para secarlas y se dieron una tremenda panzada, y uno de ellos se comió entera la calabaza de decoración que había puesto yo en el rincón sureste. Se volvieron a dormir y cagar al otro lado -al trastero. Y el jardín huerto quedó intacto.
Parte 3.
Pillé Punguita saltando encima de unos pájaros que estaban parados encima de la parrilla. La reté y se echó a correr hacia el tejado de la casa del lado y saltó pal bosque. Volvió al rato, como si nada.
Antes de ayer Ernesto trató de escapar y Pepa lo sorprendió. Reprochándole el intento de fuga, lo puse en el suelo y se echó a correr hacia la cárcel, que tenía puerta cerrada. Se quedó esperándome hasta que me acerqué y abrí la puerta del canil donde pasaría, en castigo, las próximas horas, probablemente durmiendo en la caseta que hay dentro del canil, encima de un blando cojín. Pues esa es la cárcel, una jaula grande que construimos cuando adoptamos a Amada y Juanito, que tenían ambos sarna y debíamos apartar del resto. Una vez curados, la jaula quedó inútil y hace las veces de cárcel.
Sin embargo, me confirmó que Ernesto y yo compartíamos el mismo código con respecto a la jaula; que el encierro es un castigo severo por faltas graves, como tratar de escapar. Como ya le había castigado algunas veces, estableció la relación entre escapar -tratar de escapar o volver después de la fuga- y el turno en la jaula. Eso me parece extraordinario.
Detesto no poder resolver este dilema: a mí no me parece mal que los perros anden en la calle. Al contrario, creo que tienen derecho a salir a pasear y a ver a sus amigos y jugar sus juegos. También escucho que andar sin supervisión puede ser peligroso para ellos. Es verdad. Pero corren el mismo peligro sin o con supervisión, y a veces todavía más. Si sales con tus perros y los sueltas, como hago yo, en cualquier momento puede uno de ellos correr hacia la calle y morir arrollado por un auto, y ese riesgo es mayor si lo empiezas a llamar para evitar que lo arrollen. También creo que el riesgo es una condición de la autonomía.
Sin embargo, aunque no religiosamente, cuando Ernesto se escapa, lo meto a la cárcel. Incomprensible. Bien, a partir de hoy la jaula no se usará más como cárcel sino como sala de descanso. De hecho, ya la empezaron a usar así. Días atrás, Nora salió de casa al jardín (ahí está el canil) y se metió a la cárcel a echarse una siesta. También sorprendí a Juanito en el canil, una vez que entró clandestinamente al jardín.
Parte 2.
Hace unos días entraron de noche al jardín huerto Amada y Juanito. No creo que Ramón, porque sino los destrozos habrían sido mayúsculos. Pues bien, no destruyeron nada porque se fueron directamente a las trenzas de cochayuyo que había colgado la Pepa para secarlas y se dieron una tremenda panzada, y uno de ellos se comió entera la calabaza de decoración que había puesto yo en el rincón sureste. Se volvieron a dormir y cagar al otro lado -al trastero. Y el jardín huerto quedó intacto.
Parte 3.
Pillé Punguita saltando encima de unos pájaros que estaban parados encima de la parrilla. La reté y se echó a correr hacia el tejado de la casa del lado y saltó pal bosque. Volvió al rato, como si nada.
jueves, noviembre 18, 2010
punga viene en mi ayuda
Hace unos días, los perros estaban jugando en casa, con mucho movimiento y ladrido, y pronto estábamos todos en el jardín. Los perros siguieron jugando allá. De pronto aparece la Punguita, desde debajo de uno de sus escondites preferidos, y se acerca a los perros, maullando y claramente en actitud de querer atacar. Estaban Lolita, Ernesto, Nora y Amada (Amada sólo miraba). ¿Pensaba Punguita que me estaban atacando y venía en mi defensa? Es lo que yo sospecho, aunque me parece extraordinario. Entonces suspendí el juego y corretié a la Punga, que se marchó a regañadientes y se instaló a mirar desde el tejado vecino.
domingo, octubre 24, 2010
cómo están los chuchos
Me he prometido hacerme más tiempo para apuntar las cosas interesantes del día a día de nuestros amigos perros: Ramón, Amada y Juanito (los externos; duermen en el trastero, en cajas con vellocinos y mantas) y Lolita, Nora y Ernesto (los internos), y la gata Punga.
Desde hace un tiempo Ramón ha empezado a entrar en casa. Ahora solemos invitarlo a entrar en la tarde, a la puesta de sol, hasta la cena (segunda comida del día). Hace unos días escuchamos sorprendidos un crunch crunch muy jugoso y sorprendimos a Ramón comiéndose una pera que había sacado de la frutera, que queda a su altura. Ayer volvió a comerse una pera. Parece que las encuentra irresistibles.
Antes, Ramón no comía fruta fresca, cruda (aunque sí cocidas), pero lo ha aprendido de los cachoros (Amada y Juanito). Los dos cachorros comen fruta fresca y verduras como zanahoria o apio, y cochayuyo, fresco o seco. Los adultos han reaccionado de manera diversa. Ramón, que vive con ellos y les imita en todo, ahora come de todo.
Ramón ha aprendido mucho con los cachorros. Yo presiento que llevó una vida muy solitaria, siempre amarrado (todavía tiene la huella de una cadena en su pata) y siempre fuera. Ramón, por ejemplo, nunca quiso entrar a casa. No había modo de hacerlo entrar. Hasta se ponía a aullar en protesta. Fue una sorpresa que aceptara dormir en el trastero (debido a que tenía que cruzar un umbral). Nos tenía pavor. Si yo levantaba la mano para espantar una mosca, se echaba a llorar y se escondía en el cuarto. Todo eso ha cambiado. Ese Ramón ya no existe. Igual sigue muy racatado, excepto en el capítulo peras. Por ejemplo: cuando, estando dentro, presiente que voy a servir la cena, se acerca a la puerta para salir, pues come fuera.
Nota. El otro día entré al trastero a reprender a Amada por algo, que ahora no me acuerdo qué era, y Ramón me ladró. Curioso.
Lolita. Se ha escapado prácticamente todos los días, pese a las ramas con espinas que pusimos en la muralla por la que escapan. Se trata de una muralla cubierta de enredaderas de cerca de un metro de alto. Así, para dificultar su fuga pusimos ramas espinosas en los lugares más bajos. Tenemos todavía un debate sobre el tema 'fuga de los chuchos'. Los chuchos se van a escapar siempre. A mí me parece que tienen todo el derecho de andar libremente por la calle. También tienen sus amigos, y son curiosos, como nosotros, porque son mamíferos. Y ellos no entienden por qué se les prohíbe salir o se les reprende cuando escapan. Es verdad que los coches son un peligro. Ramón fue toponeado por un coche no hace mucho. Felizmente sólo sufrió un moretón. Debería haber más stoppers o lomos de buey en las calles para obligar a los automovilistas a disminuir la velocidad en zonas residenciales. Eso antes que encerrar a los chuchos. Es verdad que, fuera, comen desechos, y pueden enfermar. De hecho, Lolita se ha enfermado frecuentemente en la última semana, en que el pueblo se ha llenado de turistas y las bolsas de los restaurantes se ven más sabrosas que nunca. En fin, que trato de que no escapen, pero no me puedo convencer de la razonabilidad de mis acciones.
Lolita me acompaña a la biblioteca, y me espera las cuatro horas que me quedo allí. La última vez Ernesto se agregó al séquito. Estaba feliz. No se me despegó en ningún momento, y me esperó todas esas horas. No cabía en sí de felicidad.
Lolita se enfadó conmigo hace unos días. Estaba yo sirviendo un tentempié a los chuchos y aparté a Nora con el pie (suavemente, pero firme) cuando se adelantó a ocupar el lugar de Lolita. Lolita se paró. La volví a llamar y entonces apareció Amada, con las mismas intenciones. También la aparté con el pie. Y entonces Lolita se dio vuelta y se marchó y se metió en una caja, y desdeñó la croqueta, pese a que era una de sus preferidas. Me parece que Lolita me ha estado interpretando y me reprocha que los haya apartado con el pie, o quizás pensó que eso era lo que le esperaba, puesto a las otras dos las había apartado con el pie cuando, en su opinión, habían acudido a mi llamado (esto porque, como sabe toda persona que vive con más de un perro, cuando se llama a uno acuden todos, y eso es prácticamente imposible de superar. En el mundo de los perros, esas son malas maneras). Entonces me acerqué a ella y le ofrecí el refrigerio en mi mano, y lo acepto tentativamente, y después acerqué la mano para acariciarle la cabeza y respingó hacia atrás, con desconfianza (!), y luego se acercó y me dio unos besos en la mano. Supongo que fue su modo de decirme que aceptaba mis disculpas y promesa de no volver a hacerlo.
Nora. Hace quizás uno o dos meses pregunté a Nora, que estaba dormitando en una caja en la salita, qué dónde estaba la pelota (una de las dos pelotas de tenis que les traje de un viaje a una ciudad cercana). Nora se levantó y empezó a dar vueltas y finalmente me llevó a mirar detrás del revistero de mimbre, en un rincón. Enseguida le pregunté que dónde estaba la otra pelota y me llevó a abrir la puerta y salir a la terraza, indicándome hacia el patio. Fui a mirar, pero no encontré nada. La pelota la tenía Ernesto, que se la había llevado a su rincón en el dormitorio. Nora entiende un buen montón de palabras, como agua, camita, comida, comer, dormir, salir, paseo. Ayer me enfadé mucho con ella en el paseo porque cuando pasaba algún perro, acompañado o no, se erizaba y empezaba a jalar de la correa aparentemente para amenazarlo. La puse en el suelo y la reté.
Ernesto está ahora mucho más cariñoso que antes, y más dócil. También reclama su derecho a salir de vez en vez. Ahora me mordisquea las manos, que no hacía nunca. Tiene más intimidad conmigo; me araña los pantalones cuando tiene hambre, golpea la puerta cuando quiere salir urgente a mear al patio. Hoy se escapó en la noche, y no nos enteramos hasta que lo oímos gruñir a Juanito, el que, dicho sea de paso, se muere de la risa de los desplantes de Ernesto. Pero también lo delata su saludo: viene corriendo a toda velocidad hacia mí y me salta encima, llorando. Eso quiere decir que viene de lejos! Pero él está tan emocionado y contento de verme, que se olvida de fingir que nunca ha salido de casa. Cuando se acuerda, ya es demasiado tarde.
Quedo debiendo los capítulos sobre Juanito y Amada.
Desde hace un tiempo Ramón ha empezado a entrar en casa. Ahora solemos invitarlo a entrar en la tarde, a la puesta de sol, hasta la cena (segunda comida del día). Hace unos días escuchamos sorprendidos un crunch crunch muy jugoso y sorprendimos a Ramón comiéndose una pera que había sacado de la frutera, que queda a su altura. Ayer volvió a comerse una pera. Parece que las encuentra irresistibles.
Antes, Ramón no comía fruta fresca, cruda (aunque sí cocidas), pero lo ha aprendido de los cachoros (Amada y Juanito). Los dos cachorros comen fruta fresca y verduras como zanahoria o apio, y cochayuyo, fresco o seco. Los adultos han reaccionado de manera diversa. Ramón, que vive con ellos y les imita en todo, ahora come de todo.
Ramón ha aprendido mucho con los cachorros. Yo presiento que llevó una vida muy solitaria, siempre amarrado (todavía tiene la huella de una cadena en su pata) y siempre fuera. Ramón, por ejemplo, nunca quiso entrar a casa. No había modo de hacerlo entrar. Hasta se ponía a aullar en protesta. Fue una sorpresa que aceptara dormir en el trastero (debido a que tenía que cruzar un umbral). Nos tenía pavor. Si yo levantaba la mano para espantar una mosca, se echaba a llorar y se escondía en el cuarto. Todo eso ha cambiado. Ese Ramón ya no existe. Igual sigue muy racatado, excepto en el capítulo peras. Por ejemplo: cuando, estando dentro, presiente que voy a servir la cena, se acerca a la puerta para salir, pues come fuera.
Nota. El otro día entré al trastero a reprender a Amada por algo, que ahora no me acuerdo qué era, y Ramón me ladró. Curioso.
Lolita. Se ha escapado prácticamente todos los días, pese a las ramas con espinas que pusimos en la muralla por la que escapan. Se trata de una muralla cubierta de enredaderas de cerca de un metro de alto. Así, para dificultar su fuga pusimos ramas espinosas en los lugares más bajos. Tenemos todavía un debate sobre el tema 'fuga de los chuchos'. Los chuchos se van a escapar siempre. A mí me parece que tienen todo el derecho de andar libremente por la calle. También tienen sus amigos, y son curiosos, como nosotros, porque son mamíferos. Y ellos no entienden por qué se les prohíbe salir o se les reprende cuando escapan. Es verdad que los coches son un peligro. Ramón fue toponeado por un coche no hace mucho. Felizmente sólo sufrió un moretón. Debería haber más stoppers o lomos de buey en las calles para obligar a los automovilistas a disminuir la velocidad en zonas residenciales. Eso antes que encerrar a los chuchos. Es verdad que, fuera, comen desechos, y pueden enfermar. De hecho, Lolita se ha enfermado frecuentemente en la última semana, en que el pueblo se ha llenado de turistas y las bolsas de los restaurantes se ven más sabrosas que nunca. En fin, que trato de que no escapen, pero no me puedo convencer de la razonabilidad de mis acciones.
Lolita me acompaña a la biblioteca, y me espera las cuatro horas que me quedo allí. La última vez Ernesto se agregó al séquito. Estaba feliz. No se me despegó en ningún momento, y me esperó todas esas horas. No cabía en sí de felicidad.
Lolita se enfadó conmigo hace unos días. Estaba yo sirviendo un tentempié a los chuchos y aparté a Nora con el pie (suavemente, pero firme) cuando se adelantó a ocupar el lugar de Lolita. Lolita se paró. La volví a llamar y entonces apareció Amada, con las mismas intenciones. También la aparté con el pie. Y entonces Lolita se dio vuelta y se marchó y se metió en una caja, y desdeñó la croqueta, pese a que era una de sus preferidas. Me parece que Lolita me ha estado interpretando y me reprocha que los haya apartado con el pie, o quizás pensó que eso era lo que le esperaba, puesto a las otras dos las había apartado con el pie cuando, en su opinión, habían acudido a mi llamado (esto porque, como sabe toda persona que vive con más de un perro, cuando se llama a uno acuden todos, y eso es prácticamente imposible de superar. En el mundo de los perros, esas son malas maneras). Entonces me acerqué a ella y le ofrecí el refrigerio en mi mano, y lo acepto tentativamente, y después acerqué la mano para acariciarle la cabeza y respingó hacia atrás, con desconfianza (!), y luego se acercó y me dio unos besos en la mano. Supongo que fue su modo de decirme que aceptaba mis disculpas y promesa de no volver a hacerlo.
Nora. Hace quizás uno o dos meses pregunté a Nora, que estaba dormitando en una caja en la salita, qué dónde estaba la pelota (una de las dos pelotas de tenis que les traje de un viaje a una ciudad cercana). Nora se levantó y empezó a dar vueltas y finalmente me llevó a mirar detrás del revistero de mimbre, en un rincón. Enseguida le pregunté que dónde estaba la otra pelota y me llevó a abrir la puerta y salir a la terraza, indicándome hacia el patio. Fui a mirar, pero no encontré nada. La pelota la tenía Ernesto, que se la había llevado a su rincón en el dormitorio. Nora entiende un buen montón de palabras, como agua, camita, comida, comer, dormir, salir, paseo. Ayer me enfadé mucho con ella en el paseo porque cuando pasaba algún perro, acompañado o no, se erizaba y empezaba a jalar de la correa aparentemente para amenazarlo. La puse en el suelo y la reté.
Ernesto está ahora mucho más cariñoso que antes, y más dócil. También reclama su derecho a salir de vez en vez. Ahora me mordisquea las manos, que no hacía nunca. Tiene más intimidad conmigo; me araña los pantalones cuando tiene hambre, golpea la puerta cuando quiere salir urgente a mear al patio. Hoy se escapó en la noche, y no nos enteramos hasta que lo oímos gruñir a Juanito, el que, dicho sea de paso, se muere de la risa de los desplantes de Ernesto. Pero también lo delata su saludo: viene corriendo a toda velocidad hacia mí y me salta encima, llorando. Eso quiere decir que viene de lejos! Pero él está tan emocionado y contento de verme, que se olvida de fingir que nunca ha salido de casa. Cuando se acuerda, ya es demasiado tarde.
Quedo debiendo los capítulos sobre Juanito y Amada.
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martes, septiembre 07, 2010
Ernesto se puso a llorar
Hoy martes llevé a Ernesto conmigo a la pescadería. En el camino de vuelta empecé a reprocharle que hubiese marcado un mueble que hay en el comedor de don Juanito, el pescadero en su casa, y, antes, un saco de alimento para perros en el supermercado. Pues, bien, se paró y se echó a gemir, muy disgustado conmigo. Pensé que a lo mejor se había dañado una pata, pero nada.
¿Cómo entender esto, si acaso es efectivo y no me estoy pasando películas? Ernesto se habría echado a llorar porque yo le reproché su falta de tino. ¿Es posible?
¿Cómo entender esto, si acaso es efectivo y no me estoy pasando películas? Ernesto se habría echado a llorar porque yo le reproché su falta de tino. ¿Es posible?
domingo, junio 20, 2010
punga le pegó a ernesto
Punga le pegó a Ernesto. Eso creemos, porque lo oímos gritar y aullar, y corrí por el pasillo para ver qué ocurría y encontré a Roberto detrás de la puerta del dormitorio, muerto de miedo, cuando la Punga venía saliendo, y me miró contrariada, con aire de culpable, y echó a correr hacia el cuarto de la tele, de donde la saqué persiguiéndola y reprochándole no tener motivos para agredir a Ernesto.
Sospecho que yo tuve la culpa de su estallido. Después de estar un rato en el jardín, o quizás en su nido (que es un montón de paja que hay en el jardín de al lado en una estructura muy curiosa que consiste en tres altísimos pilares de cemento que suben por la ladera hasta nuestro nivel, y encima de los cuales hay una plataforma triangular que da cobijo a un pequeñísimo jardín semiabandonado... digo, ahí, con vista a la bahía, hallé el nido, que no sé cómo llegó ahí, y ahí se pasa la Punga gran parte del día), se dirigió inmediatamente hacia mí y empezó a como querer jalar mi silla con las garras, que es algo que hace siempre, y le dije que no la podía atender en ese momento y que no me molestara. Pues bien: se marchó a la cocina, volvió enseguida y se subió a su cojín en mi escritorio (hemos puesto ahí un cojín de silla de terraza, de modo que puede estar vigilando a todos los perros que hay en casa sin temer que la ataquen, y cerca de nosotros), para empezar a restregarse contra un libro que había ahí, que en realidad estaba protegiendo a una planta que hay en una maceta y que yo había puesto ahí momentos atrás. Temiendo que empujara el libro la maceta la grité. Pues se sentó un ratico, muy enfadada, y enseguida saltó al suelo y se marchó. Fue entonces que oímos los aullidos.
Estoy seguro que actuó por despecho, porque tenía rabia de que la hubiera tratado así y cuando sintió y olió que Ernesto estaba detrás de la puerta del dormitorio (ahí tiene una camita, que es un cojín y un saco de dormir de colores doblado en varias partes), lo fue a atacar para sacarse la bronca y además porque sabe que Ernesto es mi protegido. Tenía la venganza a la mano.
También es verdad que Ernesto es muy alaraco y que a veces grita para llamarte la atención (para que no lo pises, por ejemplo), o simplemente de miedo -y no por dolor.
Examiné a Ernesto y no tiene nada. Así que no sé qué pensar. ¿Pero entonces por qué salió la Punga con aire de culpa y mirándome tan feo, y escapando?
En fin, luego volví al dormitorio y la encontré durmiendo en una profunda hendidura entre las almohadas. La acaricié la cabeza, y la cubrí con la esquina de la colcha, dejando su cabeza afuera. Y le dije que me perdonara por haberla tratado así.
Ernesto salió en esos momentos al pasillo y se sentó junto a la puerta del baño, que es uno de sus lugares favoritos. Lo examiné -bueno, como no veo muy bien, le recorrí el cuerpo con la mano para ver si le dolía o tenía sangre- y no le encontré nada. Le dije que se fuera a dormir a su camita, lo que hizo enseguida.
Una hora después, cuando la Pepa la fue a ver, la Punga estaba durmiendo en la misma posición.
No sé. A lo mejor me pasé una película. Pero la Punga estaba de verdad muy, muy enfadada conmigo.
Sospecho que yo tuve la culpa de su estallido. Después de estar un rato en el jardín, o quizás en su nido (que es un montón de paja que hay en el jardín de al lado en una estructura muy curiosa que consiste en tres altísimos pilares de cemento que suben por la ladera hasta nuestro nivel, y encima de los cuales hay una plataforma triangular que da cobijo a un pequeñísimo jardín semiabandonado... digo, ahí, con vista a la bahía, hallé el nido, que no sé cómo llegó ahí, y ahí se pasa la Punga gran parte del día), se dirigió inmediatamente hacia mí y empezó a como querer jalar mi silla con las garras, que es algo que hace siempre, y le dije que no la podía atender en ese momento y que no me molestara. Pues bien: se marchó a la cocina, volvió enseguida y se subió a su cojín en mi escritorio (hemos puesto ahí un cojín de silla de terraza, de modo que puede estar vigilando a todos los perros que hay en casa sin temer que la ataquen, y cerca de nosotros), para empezar a restregarse contra un libro que había ahí, que en realidad estaba protegiendo a una planta que hay en una maceta y que yo había puesto ahí momentos atrás. Temiendo que empujara el libro la maceta la grité. Pues se sentó un ratico, muy enfadada, y enseguida saltó al suelo y se marchó. Fue entonces que oímos los aullidos.
Estoy seguro que actuó por despecho, porque tenía rabia de que la hubiera tratado así y cuando sintió y olió que Ernesto estaba detrás de la puerta del dormitorio (ahí tiene una camita, que es un cojín y un saco de dormir de colores doblado en varias partes), lo fue a atacar para sacarse la bronca y además porque sabe que Ernesto es mi protegido. Tenía la venganza a la mano.
También es verdad que Ernesto es muy alaraco y que a veces grita para llamarte la atención (para que no lo pises, por ejemplo), o simplemente de miedo -y no por dolor.
Examiné a Ernesto y no tiene nada. Así que no sé qué pensar. ¿Pero entonces por qué salió la Punga con aire de culpa y mirándome tan feo, y escapando?
En fin, luego volví al dormitorio y la encontré durmiendo en una profunda hendidura entre las almohadas. La acaricié la cabeza, y la cubrí con la esquina de la colcha, dejando su cabeza afuera. Y le dije que me perdonara por haberla tratado así.
Ernesto salió en esos momentos al pasillo y se sentó junto a la puerta del baño, que es uno de sus lugares favoritos. Lo examiné -bueno, como no veo muy bien, le recorrí el cuerpo con la mano para ver si le dolía o tenía sangre- y no le encontré nada. Le dije que se fuera a dormir a su camita, lo que hizo enseguida.
Una hora después, cuando la Pepa la fue a ver, la Punga estaba durmiendo en la misma posición.
No sé. A lo mejor me pasé una película. Pero la Punga estaba de verdad muy, muy enfadada conmigo.
sábado, junio 12, 2010
cerca del invierno de 2010
Estamos cerca del invierno de 2010. Y han pasado muchas cosas.
De la tumba de Roberto no queda nada. El tiempo, las hojas, la exhumación ilegal practicada por Lolita y los otros para comerse los huesos y la reparación de una tubería han borrado toda huella de su existencia.
Ernesto está mucho más cariñoso y comunicativo que antes. Desde hace unos días, cuando quiere algo, como comer o salir a mear o salir a pasear, se acerca a mí y me rasca las rodillas. Insiste si no reacciono de inmediato.
Ahora, además, puedo jugar con Ernesto y Nora a un juego de perros: con un pie trato de desequilibrarlos y ellos tratan de evitarlo y de jalarme del zapato. El juego se ha hecho más íntimo, y ahora también me muerden y toman la iniciativa de jugar mordiéndome un zapato.
A Ernesto le ha dado por escaparse. Sube a la muralla que nos separa del precipicio y corre hasta llegar a la puerta para saltar al otro lado. Cae en la escalera y corre normalmente hacia la playa. Al principio se escapaba porque se había enamorado de una chavala que vive en un restaurante. Pero el hábito de escaparse persistió hasta después de su enfriamiento con esa chiquilla. Ahora se escapa para volver por el cerro diez minutos más tarde llorando que le abramos la puerta.
Pues el otro día estábamos en el patio en la tarde temprano y lo veo echarse a correr como loco y lo seguí corriendo, sospechando que iba en dirección a la ruta de escape. Yo corría detrás de él gritándole por su nombre. Pos nada, saltó a la muralla y desapareció. Me quedé pasmado de que se escapara de manera tan literaria, tan a sabiendas, tan historieta del domingo.
Lolita se considera dueña o administradora de las camitas y de todo artículo de dormitorio, como alfombras y cojines. Hace unos días estaban Nora y Ernesto jugando y empezaron a jalar de una camita. Saltó Lolita de su cama en el puf y se las quitó (una estera blanda) y se la llevó a su cama. Ayer les eché la alfombra encima a Nora y Ernesto, y Lolita nos la quitó y se la llevó a su rincón. Y me retó.
Les gusta este juego: yo cubro a alguno, usualmente a Nora, con la alfombra. Entonces los otros se le echan encima y la empujan y mordisquean hasta que se escapa y aparece por debajo de la alfombra.
Ramón entró anteayer por primera vez en casa para quedarse cerca de tres horas echado en la alfombra, muy tranquilo, pero muerto de curiosidad. Entró titubeando y amenazando con devolverse, hasta que se tranquilizó. Estaba muy agradecido, lo que significa que empezó a lengüetearme de arriba pa bajo. Hoy entró nuevamente, poco antes de la cena. Nunca antes entró a casa para quedarse tanto tiempo. Alguna vez entró hasta la salita, pero se marchó enseguida, muy intimidado.
Ramón es muy tímido. El año pasado, cuando llegó, en invierno se echaba a dormir debajo del peral. Habilitamos el trastero. Pusimos ahí una caja de cartón con cartones, diarios y telas, y ahora una camita. Pero a Ramón para que entrara lo tuvimos literalmente que empujar y jalar dentro. De pronto entendió que realmente podía dormir ahí en un cuarto, cómodo, y se quedó.
Juanito Ternera ha terminado con los almácigos en la terraza. Hasta hoy Juanito, ayudado a veces por Amada y Lolita, ha hecho muchos hoyos en los almácigos. Pero hoy arrancó las zanahorias y se las comió, y así fue que lo encontré durmiendo la siesta rodeado de hojas de zanahoria. Así que fui a reparar los destrozos y decidí sacar las zanahorias que quedaban, y las puse a un lado, siendo suficientes como para llenar un cuenco de un kilo. Fui a abrir el agua para regar el jardín, me despisté y cuando volví a retirar las zanahorias ya no estaban y era evidente que Juanito se las había comido otra vez, y nuevamente dejó el almácigo lleno de hoyos.
Juanito come peras y manzanas crudas, plátanos crudos, zanahorias crudas. Le encantan las frutas crudas. Lo mismo Amada. Pero a los otros, para nada.
Punga ya se ha acostumbrado totalmente a la presencia de los perros, y ellos a ella, aunque la Punga, que es de armas tomar, a menudo muestra innecesariamente los colmillos.
Punga llegó hace unos días con un ratón muerto.
Punga se comió la planta de marihuana que había emergido en el jardín. (Digo sinceramente que no planté esa planta y que surgió sola. Sí. Lo mismo digo de las papas, que llenaron el jardín y que tampoco planté yo. Y surgieron papas porque el dueño había plantado papas ahí hace cuarenta años. Como yo regué la tierra, germinaron. En el jardín han surgido plantas que no he plantado yo, como tomates, perejil, espinaca, acelgas y ortigas. En el huerto han surgido paltos y ciruelos, todas cosas que no he plantado yo).
Ahora los perros que viven en casa son Ramón, Ernesto, Lolita, Nora, Juanito y Amada. Con Punga.
De la tumba de Roberto no queda nada. El tiempo, las hojas, la exhumación ilegal practicada por Lolita y los otros para comerse los huesos y la reparación de una tubería han borrado toda huella de su existencia.
Ernesto está mucho más cariñoso y comunicativo que antes. Desde hace unos días, cuando quiere algo, como comer o salir a mear o salir a pasear, se acerca a mí y me rasca las rodillas. Insiste si no reacciono de inmediato.
Ahora, además, puedo jugar con Ernesto y Nora a un juego de perros: con un pie trato de desequilibrarlos y ellos tratan de evitarlo y de jalarme del zapato. El juego se ha hecho más íntimo, y ahora también me muerden y toman la iniciativa de jugar mordiéndome un zapato.
A Ernesto le ha dado por escaparse. Sube a la muralla que nos separa del precipicio y corre hasta llegar a la puerta para saltar al otro lado. Cae en la escalera y corre normalmente hacia la playa. Al principio se escapaba porque se había enamorado de una chavala que vive en un restaurante. Pero el hábito de escaparse persistió hasta después de su enfriamiento con esa chiquilla. Ahora se escapa para volver por el cerro diez minutos más tarde llorando que le abramos la puerta.
Pues el otro día estábamos en el patio en la tarde temprano y lo veo echarse a correr como loco y lo seguí corriendo, sospechando que iba en dirección a la ruta de escape. Yo corría detrás de él gritándole por su nombre. Pos nada, saltó a la muralla y desapareció. Me quedé pasmado de que se escapara de manera tan literaria, tan a sabiendas, tan historieta del domingo.
Lolita se considera dueña o administradora de las camitas y de todo artículo de dormitorio, como alfombras y cojines. Hace unos días estaban Nora y Ernesto jugando y empezaron a jalar de una camita. Saltó Lolita de su cama en el puf y se las quitó (una estera blanda) y se la llevó a su cama. Ayer les eché la alfombra encima a Nora y Ernesto, y Lolita nos la quitó y se la llevó a su rincón. Y me retó.
Les gusta este juego: yo cubro a alguno, usualmente a Nora, con la alfombra. Entonces los otros se le echan encima y la empujan y mordisquean hasta que se escapa y aparece por debajo de la alfombra.
Ramón entró anteayer por primera vez en casa para quedarse cerca de tres horas echado en la alfombra, muy tranquilo, pero muerto de curiosidad. Entró titubeando y amenazando con devolverse, hasta que se tranquilizó. Estaba muy agradecido, lo que significa que empezó a lengüetearme de arriba pa bajo. Hoy entró nuevamente, poco antes de la cena. Nunca antes entró a casa para quedarse tanto tiempo. Alguna vez entró hasta la salita, pero se marchó enseguida, muy intimidado.
Ramón es muy tímido. El año pasado, cuando llegó, en invierno se echaba a dormir debajo del peral. Habilitamos el trastero. Pusimos ahí una caja de cartón con cartones, diarios y telas, y ahora una camita. Pero a Ramón para que entrara lo tuvimos literalmente que empujar y jalar dentro. De pronto entendió que realmente podía dormir ahí en un cuarto, cómodo, y se quedó.
Juanito Ternera ha terminado con los almácigos en la terraza. Hasta hoy Juanito, ayudado a veces por Amada y Lolita, ha hecho muchos hoyos en los almácigos. Pero hoy arrancó las zanahorias y se las comió, y así fue que lo encontré durmiendo la siesta rodeado de hojas de zanahoria. Así que fui a reparar los destrozos y decidí sacar las zanahorias que quedaban, y las puse a un lado, siendo suficientes como para llenar un cuenco de un kilo. Fui a abrir el agua para regar el jardín, me despisté y cuando volví a retirar las zanahorias ya no estaban y era evidente que Juanito se las había comido otra vez, y nuevamente dejó el almácigo lleno de hoyos.
Juanito come peras y manzanas crudas, plátanos crudos, zanahorias crudas. Le encantan las frutas crudas. Lo mismo Amada. Pero a los otros, para nada.
Punga ya se ha acostumbrado totalmente a la presencia de los perros, y ellos a ella, aunque la Punga, que es de armas tomar, a menudo muestra innecesariamente los colmillos.
Punga llegó hace unos días con un ratón muerto.
Punga se comió la planta de marihuana que había emergido en el jardín. (Digo sinceramente que no planté esa planta y que surgió sola. Sí. Lo mismo digo de las papas, que llenaron el jardín y que tampoco planté yo. Y surgieron papas porque el dueño había plantado papas ahí hace cuarenta años. Como yo regué la tierra, germinaron. En el jardín han surgido plantas que no he plantado yo, como tomates, perejil, espinaca, acelgas y ortigas. En el huerto han surgido paltos y ciruelos, todas cosas que no he plantado yo).
Ahora los perros que viven en casa son Ramón, Ernesto, Lolita, Nora, Juanito y Amada. Con Punga.
sábado, agosto 01, 2009
jueves, julio 02, 2009
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