sábado, septiembre 06, 2008

roberto ya camina

estuvo como 10 días sin poder mover las patas traseras. el diagnóstico era necrosis avascular. el doctor manuel campillay sugirió esperar. otros habrían optado por operación inmediata. otros habrían aplicado eutanasia...

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viernes, agosto 29, 2008

roberto 29/08/08

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Hoy nos dijo el veterinario que tiene necrosis avascular del cuello femoral. En estos momentos está en observación en la clínica hasta el lunes (hoy es viernes).
También le descubrió que tiene el corazón más grande de lo normal. Por eso le roza a veces contra la traquea cuando lo cojo por el pecho, y le duele.
Además tiene un problema en una vértebra, seguramente producida por los vándalos que lo torturaron (cuando lo encontramos en la calle tenía una calva círcular en la espalda, sospechamos que hecha con un mechero de coche).
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miércoles, agosto 13, 2008

negro en bolsa - lumiere

Roberto lindo me ayuda a romper los límites del vídeo lumiere.

miércoles, julio 16, 2008

Roberto como Mono

Estaba yo en la puerta de la cocina. A mi lado izquierdo está el pasillo que conecta el inodoro de los gatos con la sala; a mi derecha, la cocina. Bien. Yo acababa de poner galleticas en los cuencos de los felinos, así que me sorprendió que entrara Roberto a la cocina a reclamar por comida. Le dije que sus galletas estaban en el cuenco y apunté por un dedo, haciendo el trayecto imaginario desde la cocina hasta los cuencos. Roberto me miró primero el dedo, después a mí, y se echó a andar hasta la puerta. Ahí nuevamente me miró y le insistí con el dedo: "Ahí, ahí, en tu cuenco". Pues miró hacia el cuenco -hacia donde apuntaba el dedo- y se dirigió a comer.

Eso fue hace unos días. Hoy le indiqué el cuenco con el dedo y volvió a hacer lo mismo, es decir, me mira el dedo, me mira a mí, y se dirigió hacia el cuenco.

Cuando llegaron los españoles a América, confundieron algunos a los monos con gatos. Así, en algunas crónicas de esa época en que se habla de gatos, en realidad están queriendo decir monos.

Roberto tiene mucho de mono. En lo travieso, en lo inteligente, en lo curioso, en lo torpe. Ayer se colgó de una cortina de mimbre; también trató de escalar un librero, sin éxito. Se metió detrás de un librero y lanzó al suelo la mitad de ellos. Lo sorprendimos tratando de encaramarse a una tabla que había en su cuarto de baño, con el propósito aparente de lanzarse desde ahí sobre las dos hermosas plantas que han sobrevivido la invasión felina.

Roberto y Sus Juguetes

Roberto maneja el concepto 'juguete'. A diferencia de Punga, Roberto reúne todos los juguetes -de él y de Punga- en un solo lugar. Ahora último las ha dejado debajo de la escalera portátil: a saber, tres ratones multicolores chicos, un ratón marrón con gris grande, una pelota de goma, una pelota de pingpong, una rueda de carrito y la cabeza de un muñeco de conejo amarillo.

La manguera que se ve la puse yo ahí. Antes nos entreteníamos mostrándole a Punga un premio (un ratón colgando de una cuerda, por ejemplo) al otro lado del aro, para que saltara. Lo hacía. Hasta que se olvidó del juego.

Creo que Roberto es un gato muy inteligente. También creo que los gatos y otros animales suelen olvidar cosas o procesos que han aprendido espontáneamente en el momento en que lo repiten. Por ejemplo, a Roberto hace semanas que no lo veo jugar con la pelota con cuerda. ¿Lo habrá olvidado?

Pepa me da una esperanza de que no ha olvidado el proceso mediante el cual se jalaba la cuerda de la pelota. Me contó que hoy Roberto trató de bajar la cremallera del cuello de su chaqueta apoyando sus patas en su pecho (de ella) y jalando, con el hocico, de la cremallera -exactamente el mismo proceso que para jalar la cuerda de la pelota.

domingo, junio 15, 2008

Entrando al Saloon

Qué diferentes son Roberto y Punga. Pensé esto después de verlos entrar a un cuarto. La Punga empuja suavemente la puerta, y empieza asomando la cabeza. Pero Roberto, Roberto le da un manotazo y la abre de par en par, como un cowboy buscando camorra en un saloon.

Es curioso, porque Roberto es muy suave y de seguro no sabe que sólo los cowboys de malas pulgas abren las puertas de esa manera. Tampoco sabe que los humanos interpretamos abrir la puerta de ese modo, de esa manera. Bueno, no sé. La Punga, si yo abriese una puerta así, saldría escopetada. Y si alguien me abre a mí una puerta de ese modo, bueno, creo que saldría igualmente escopetado.

Pero Roberto es diferente.

sábado, junio 14, 2008

Carreras de Saco

Hay en casa una bolsa de la compra, sintética, de cuadros, de rejilla. O sea, se ve lo hay dentro. Roberto se mete dentro y echa a correr.

Les gusta la bolsa. Para meterse dentro y mirar el mundo desde ahí, o para dormir dentro o encima de ella.

Anoche Roberto y Punga Durmieron Juntos

Hacía frío. Comentamos por la tarde: "Seguro que esta noche se suben los dos a la cama". Habitualmente la Punga duerme con nosotros, a los pies.

Roberto se ha subido algunas veces, pero durante el día. Y si están los dos en la cama -la Punga duerme sus siestas ahí-, Roberto está siempre en el lado opuesto.

Hoy despertamos para encontrarlos durmiendo juntos, uno contra otro, entre nosotros, donde se acurrucaron e hicieron un hueco calentito.

Pelea por el Apio

La Pepa puso un apio en una caja de cartón (de vez en vez les dejamos jugar con cajas de cartón; les encanta). Punga y Roberto adoran el apio, lo huelen, mordisquean, jalan, se frotan la cabeza contra las ramas y... se echan a dormir a su lado. Pero en la caja no caben los dos.

Hoy volvió Roberto de la merienda y encontró ahí a la Punga, que se había acomodado cuando él merendaba. Y Roberto, normalmente tan tranquilo, le dio un palmotazo a la giganta. La Punga se levantó y se marchó.

Ña Punga Enseña Maneras

A la Punga la irrita sobremanera que Roberto se queje o gima. Cada vez que lo hace, corre hacia él y le pega un palmotazo en la cabeza. Especialmente si se echa a gemir cuando estoy preparando la merienda, que es cuando Roberto me sigue, se mete entre mis pies y trata de acelerar el proceso. Entonces aparece la Punga y le pega un manotazo.

Ahora lo hace cada vez menos. Hoy Roberto me acompañó a la cocina y no se quejó para nada. Está aprendiendo.

¿Por qué le molestará tanto a la Punga?

martes, junio 03, 2008

Roberto y la Escalera

La escalera es pequeña, como para llegar a las estanterías más altas. Está en el escritorio frente a una ventana que da al balcón y a la calle. La Punga suele instalarse ahí.

Roberto no entraba antes a este cuarto. Creo que Punga se lo había prohibido. Ahora sí puede entrar. Roberto aparentemente no sabía para qué servían los escalones, pero lo descubrió enseguida.

Hace unos días se quiso subir estando la Punga arriba. La Punga se hizo a un lado y bajó. Roberto saltó arriba. Al rato se agachó primero, escondiéndose de algo allá fuera, y luego salió escopetado a esconderse detrás del sillón.

Es muy peliculero, como la Punga. Se imagina que los secuestradores de gato vuelan. O que se disfrazan de gaviotas. (Aquí en Viña las gaviotas son gigantes). Al cabo de un rato volvió a salir como si nada.

Roberto y el Ovillo de Lana

Compramos un ovillo de lana para ver si Roberto jugaría con él como hacía la Punga. La Punga solía hacer intrincadas construcciones de nudos con el ovillo, pasando la lana por todas partes, conectando mesas con sillas y otros muebles, haciendo nudos, y pasando hasta por encima de los ordenadores.

Lo hacía siempre de noche, o cuando no estábamos, de modo que era siempre asombroso encontrar los muebles conectados entre sí por la lana, como una enorme red o telaraña.

Roberto no hace nada de eso. Le da manotazos al ovillo como si fuera una pelota, lo persigue y desarma, pero no monta ninguna construcción de nada.

La Punga volvió a hacer una de sus redes. Cuando fui al escritorio, había amarrado mi silla con las patas de la mesa, pasando por el puf y la escalera que le hemos puesto para que se encarame a mirar la calle.

La Emboscada

Estaba yo en el sofá. La Punga estaba a mi derecha. Roberto emergió repentinamente por mi lado izquierdo, desde detrás del sofá, y le dio un manotazo en la cola a la Punga. La Punga se volvió, pero Roberto ya escapaba a meterse detrás del sofá.

La Punga inició la persecución, pero paró y volvió sigilosamente sobre sus pasos, aparentemente pensando en emboscarlo por el lado derecho del sofá (es decir, la Punga pensó que Roberto corría a esconderse detrás del sofá, por mi lado izquierdo, y que obviamente saldría por el lado derecho).

Así, mientras ella se acercaba lentamente hacia el brazo derecho, veo pasar a Roberto sigilosamente y cruzar la salita para meterse por detrás del otro sofá frente a mí, salir por el otro lado (es decir, casi detrás de la Punga, que en ese momento esperaba que el apareciera por detrás de mi sofá) y darle otro manotazo a la Punga, que se quedó pasmada.

Super listo, este Roberto. Si jugaran ajedrez, creo que ganaría Roberto. Es un buen estratega -por lo menos a nivel táctico.

Roberto Quebró un Plato

Es decir, jaló del mantel de la mesa y el plato cayó y se rompió. Roberto, que estaba al otro lado de por donde cayó el plato, se asomó a mirar de dónde venía el ruido.
No sabía que lo había causado él porque curiosamente el plato cayó hacia atrás y él obviamente ni sabía que había un plato en la mesa ni lo vio caer, porque el mantel se lo impedía.
Pero cuando se asomó a mirar y vio los fragmentos de plato en el suelo, parece que calculó que había sido él y salió escopetado a esconderse.

¿Por qué? Nunca quebró un plato antes. Nunca se le ha reprochado que haya quebrado algo (ya rompió uno de sus cuencos de cristal). ¿Por qué huye?

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Robegto Pato Bonsai

A Roberto Pato le hemos agregado un tercer nombre, descriptivo: Bonsai. Se llama Roberto Pato Bonsai.

También me ha dado por llamarle Robegto, por una amiga que pronuncia nuestra R a la tedesca.

lunes, junio 02, 2008

Roberto y la Pelota

Roberto juega con una pelota de cuerda que era de la Punga. Se le da cuerda jalando de un cordel que sale del mecanismo en su interior. Punga le tiene desconfianza a esta pelota, sobre todo cuando se echa a andar.

No Roberto. Roberto vio a la Pepa jalando el cordel y parece que aprendió el truco, pues ahora, echado en el suelo, aleja de sí la pelota con las patas traseras al tiempo que jala el cordel con los dientes.

No le dura la cuerda demasiado, porque es muy chico. Pero la echa a andar. (Mientras más lejos jalas el cordel, más dura la cuerda).

Creo que Roberto es excepcionalmente listo.

viernes, mayo 09, 2008

Roberto y Sus Manos

Roberto usa sus manos. Aparte de lavarse la cara con el agua del cuenco, hace otras cosas con sus patas. La Pepa le dio a lamer un vasito de yogur. Roberto no podía llegar con su lengua hasta el fondo, así que metió una pata, la embadurnó de yogur y luego se la chupó.

Usó la pata como herramienta, como cubierto. Increíble es este Robertico.

Una amiga me contó que su gato come lomitos de atún sacándolos con las garras de la lata, no con la boca.

No deja uno de asombrarse.

Roberto y la Higiene

Roberto está hace un mes con nosotros. Ya no duerme en la alacena sino en el sofá frente al sofá de la Punga -que esta ahora prácticamente no usa.
Ya no come con tanto afán, aunque ha engordado enormemente. Lo consentimos para que se recupere y olvide su período de hambre y abandono.
La Punga de vez en vez le pega manotazos. Él también a ella, con la diferencia de que él lo hace jugando, mientras que Punga ha revelado ser una verdadera energúmena.

Bien. Ahora quiero tratar el tema de la higiene. Roberto Pato es extremadamente pulcro. Cubre sus heces meticulosamente, volviéndose varias veces a chequear y controlar que esté todo cubierto, y calculando de dónde sacar la arena para cubrir lo que haya que cubrir. Qué gran diferencia con la Punga, que es imprecisa, no cubre completamente sus heces y, en realidad, a veces se limita a hacer una mera finta, arrojando la arena hacia cualquier lado. Roberto, en cambio, parece obseso en su afán de cubrirlo todo.

También es verdad que es espantosamente hediondo.

Pero Roberto, además, después de cagar se lava las patas delanteras. Yo lo había visto lavarse la cara, metiendo las patas en el cuenco de agua. Ahora lo descubrimos lavándose las patas, en el mismo cuenco, después de su visita al baño.

Le colocaremos otro cuenco en el baño, para el agua. Veremos si es capaz de distinguir sus diferentes usos.

lunes, abril 21, 2008

Roberto Pato

Roberto Pato vivía en el amplio jardín de una vieja casona en Viña del Mar. Solía asomarse por entre las rejas que dan a Viana. No sabemos cuándo fue abandonado allí. Lo trasladamos a casa el domingo trece de abril.

Es un gato negro, flaco. Pensábamos que tenía tres meses, pero Roy el veterinario nos dijo que tenía seis, como mínimo, pues ya tenía sus dientes definitivos. Nos dijo que no crecería mucho. O sea, que es un gato enano, casi la mitad de la Punga.

Roberto no hablaba (es decir, sólo emitía un sonido, entre gemido y maullido), no jugaba ni miraba para arriba. Los primeros dos días estuvo recluido en un tipití que perteneció a la Punga, en la despensa, detrás de la cocina. No se asomaba por nada del mundo. En la despensa instalamos también su cagadero.

Empezó a salir poco a poco. Finalmente trasladamos sus cuencos para comer junto a los de la Punga, en el pasillo de la cocina. Así lo fuimos acercando a los otros cuartos. Pero una consecuencia, sobre todo en los primeros días, es que se comía sus platos y los de la Punga. Así, para que la giganta pudiera disfrutar de su ración de atún, tuvimos que encerrar a Roberto nuevamente en la despensa durante la colación.

Ahora habla más; tiene varios registros adicionales que no le conocíamos.

Ahora mira para arriba.

Y juega. Al principio, si le deslizabas una pelota, escapaba a su tipití. Ahora persigue a esas malditas pelotas. Hoy estuvo dándole manotazos al ratón marrón que colgamos del pomo de la puerta de la cocina. Casi media hora estuvo pegando manotazos y brincos y ocultándose al otro lado de la puerta y atacando por sorpresa al roedor. Quedó agotado. Y se echó a dormir.

Suele echarse junto a los cuencos. Decidí quitarle el pedazo de cartón que habíamos puesto junto a los cuencos para evitarles el frío del suelo. La táctica resulta: ahora no se queda haciendo guardia.

Al principio, si le llevábamos a la sala, salía escopetado de vuelta al tipití. Ahora se echa en un sillón, que ha acabado siendo el suyo. Ahí duerme ahora, aunque conserva su tipití.

La Punga lo estuvo evitando al principio. Se fue acercando a él poco a poco. Antes de ayer empezó a acercársele más. Ayer se le acercó a casi veinte centímetros. Al principio, Roberto se engrifaba y gruñía. Pero ayer se la quedó mirando fijo, sin moverse.

Es valiente, Roberto.

La Punga se le lanza encima, y se para justo antes de llegar a él. Quizá piensa que Roberto va a salir escapando. Pero Roberto se queda tieso, como si nada. Aunque hoy escapó y se metió debajo de un mueble. Ahí la Punga ya no pudo llegar a él.

Hoy en la tarde, de repente, Roberto Pato se lanzó encima de la Punga, que salió escopetá.

Han pasado apenas siete días.

La Punga se ha acostumbrado a su presencia y está felizmente muy relajada. Ahora si la acaricias al pasar, te da un lengüetazo, como antes. Pero durante los primeros días de Roberto, si la acariciabas, se echaba para atrás y trataba de esquivarte, o te lanzaba un manotazo.

Teníamos que salir y temíamos lo que pudiera pasar con los felinos en casa. Pues nada, volvimos y estaban donde los dejamos, durmiendo cada uno en un sillón, frente a frente. Se ve que pasó algo, porque derrumbaron una lámpara.

Antes de ayer Roberto se subió a la mesa, de donde lo espanté. Pegó un brinco y cayó encima de la aspiradora, que se echó a bufar. Aterrado se fue a esconder en su tipití.

No recordamos por qué lo bautizamos Roberto. Pato es porque suele caminar entre nuestras piernas, obligándonos a movernos con extrema cautela -como los patos.

domingo, febrero 10, 2008

Punga y el Balcón

Tenemos discusiones -la Punga y yo- porque cuando sale al balcón se pasa, a veces, al balcón del vecino. Esto no sería realmente un problema si no fuese porque se come las plantas y flores que ha instalado ahí el vecino.
Al principio, Punga no sabía que era malo pasarse al balcón del vecino.
Algunas veces volvía con flores o tallos, que dejaba en el suelo, como quien deja un ratón muerto.
Digo discusiones porque yo la reprocho en español y ella me responde en gato. No sé qué me dirá ni si entiende lo que yo digo en mi lengua. Pero sí sé que sabe que me molesta mucho y que estoy enfadado. Cuando está en el balcón en alguna actitud sospechosa, o con algún plan malévolo, lo sé de inmediato, porque entonces, si me asomo al balcón, se entra corriendo y escapando claramente de mí. Mientras que si no tiene planes pecaminosos, se queda de lo más tranquila e inocente.

Otro motivo de discusiones es que la Punga se asoma demasiado hacia afuera, aparentemente con el plan de dar un salto y agarrar a alguna de las palomas y gaviotas que suelen posarse en la cornisa que está junto encima del balcón. Tampoco sería un problema si no fuera porque es imposible que, si llegase a brincar, logre asirse a la cornisa. Caería a la calle, con imprevisibles consecuencias.

Pero ayer me asomé al balcón. Al entrar a él vi con el rabillo del ojo que estaba en la sospechosa y habitual actitud de estar a punto de dar un salto en pos de los pollos. Pero me hice el desentendido y me paré a mirar para la calle como si no la hubiese visto. Sé que ella no sabe que yo la vi antes. Así que me sorprendió cuando, no bien entrar yo, se echó rápidamente al suelo, apretó entre sus patorras el vaso de trigo y pretendió estar comiendo de lo más entretenida.

¿Me estaré pasando películas? Estoy seguro que quería engañarme.

sábado, febrero 02, 2008

Punga y el Juego de la Bolita

La Punga juega con una bolita de goma. A veces juega sola, golpeando y empujando la canica y persiguiéndola y deteniéndola para volver a hacer lo mismo. Suele también, en este juego, coger la bolita y lanzarla al aire, saltando ella enseguida para cogerla.
Otro de sus juegos con la bolita consiste en empujarla hasta el Hoyo. El Hoyo es un hoyo de desagüe destapado, cerrado y sin uso que hay en su baño (es el segundo baño que destinamos para ella). El Hoyo tiene un diámetro de unos diez centímetros y una profundidad de unos cuarenta. Empuja la bolita por toda la casa hasta que llega al Hoyo. Pero naturalmente no la puede volver a sacar. A veces coloca la bolita en su cuenco del agua.
Otro juego es empujar la bolita y lanzarla por debajo de los sillones, y correr hacia el otro lado para recuperarla.

También juega con nosotros. Colocándonos a unos dos metros de distancia de ella, le lanzamos la bolita y ella la rechaza y devuelve hacia nosotros. Le entretiene más cuando lanzamos la canica dando tumbos, así ella la recoge y rechaza saltando, como un portero.
Otro juego implica el uso de un tubo de casi un metro. Lanzamos la bolita por un extremo, y ella se aposta al otro lado, esperándola y devolviéndola antes de que se le escape, dándole un fuerte manotazo.
En un tercer juego ella intercepta la bolita que yo le lanzo, por el suelo, a la Pepa. También le gusta interceptarla en el aire. Este mismo juego lo jugamos cuando no participa la Pepa, en cuyo caso hago rebotar la bolita contra una puerta. Le encanta interceptarla.

No me sorprende tanto que pueda jugar con alguna idea de competencia, porque atajar la bolita es claramente el objetivo de esos juegos que implican a más de un participante. Me sorprende más el juego del Hoyo, porque antes de llegar al objetivo la Punga recorre diferentes lugares y rincones de la casa haciendo rebotar la bolita. No sé si le otorga puntos a cada estación.

lunes, enero 28, 2008

Punga Se Enfada

La Punga se enfada cuando la soplo. Si la soplo arrojándole el aire a la cara, primero se yergue claramente molesta y mirándome a los ojos. Si la soplo nuevamente, se acerca a mí de manera agresiva, mirándome para darme un manotazo.
A veces ha logrado darme un zarpazo. Pero siempre que me pega, lo hace sin sacar las uñas.

Así, si está realmente enfadada, ¿por qué no me araña? El hecho de que restrinja y limite su agresión a un simple manotazo, ¿quiere decir que tiene algún sentido de la proporción? Claramente, para ella el enfado que le causo soplándola, no vale un arañazo. Vale un manotazo.

Es decir, la Punga maneja una cierta noción de justicia o de lo justo, del castigo adecuado que merecen ciertas acciones mías.

domingo, enero 27, 2008

Punga y el Timbre de la Puerta

La Punga hizo algo extraño. Estábamos en el escritorio y ella, como habitualmente, dormía sobre un cojín junto a nosotros. Sonó un timbre y la Punga se irguió y rugió, como hace cuando alguien llama a la puerta.

Pero esta vez no era el timbre nuestro, sino uno de la televisión, que estaba encendida en la sala y se escucha desde el escritorio. Y no se parecía en nada a nuestro timbre.

¿Cómo reconoció que se trataba de un timbre? No se supone que lo sepa.