jueves, julio 12, 2012

El primer idioma de Amada fue el gaviota

Estoy leyendo un artículo sobre lenguaje animal y sobre la pregunta de si el modo en que se comunican dentro de la especie lo aprenden o es innato. Hm. Dicen algunos que es innato y que nacen sabiendo cómo hablar. Hm. Amada, nuestra perrita pelirroja, cuando la recogimos de la calle hablaba gaviota. Sí, como digo, graznaba como las gaviotas. Aprendió a ladrar mucho después. Le costó. Y dejó de hablar como gaviota.
La teoría que construimos es esta (tenía menos de dos meses cuando la encontramos sarnosa y muerta de hambre en la calle): nació en una casa en el borde costero, en Maitencillo. La familia donde nació se deshizo rápidamente de los otros cachorros y ella quedó sola en el patio, junto a un roquerío frecuentado por gaviotas (esa casa la veíamos desde arriba). Ese fue el primer idioma que aprendió.

Otros perros imitan aullido de Lolita

Así es: he oído a un perro vecino imitar el aullido tan característico de Lolita, y a otro los estridentes ladridos de Juanito. Estoy convencido de que los chuchos se imitan entre sí. No debería sorprenderme demasiado. Ya sabíamos que los perros imitan algunos sonidos. Por ejemplo, con Lolita a la cabeza, nuestros chuchos tratan de imitar las sirenas -de bomberos y de fábricas, que son las más ruidosas y parecidas a aullidos.

miércoles, mayo 23, 2012

Epistemología perruna

Han pasado y pasan tantas cosas todos los días con nuestra familia animal, que es difícil ser sistemático en las anotaciones. Las que siguen son para no olvidarme:

1. Juanito aprendió a abrir las puertas. Hace unos días lo vi mirándome atentamente cuando yo abría la puerta. Cuando está pensando es muy explícito: sigue con la vista todo lo que haces y es evidente que está sacando cuentas. Ahora debemos manejarnos con las puertas con llave.

2. Ernesto ha andado tan salido en estas últimas semanas y se ha escapado tantas veces, que decidimos castrarlo. Me duele el alma haberlo decidido, pero era evidente que sólo sufría. La última vez que se escapó, estuvo tres días fuera en un territorio que no conoce ni él ni nosotros, porque acabamos de mudarnos. Lo encontramos refugiado en el cuartel de los bomberos, flaco, muerto de hambre, con pelones y rasgaduras y sangre seca. Era evidente que le habían pegado. Supongo que estuvo siguiendo a alguna perra. Tras traerlo a casa, al día siguiente se volvió a escapar. Lo que quiero contar es que, después de la operación, los puntos le provocan un fuerte dolor, que lo obliga a retroceder esté dónde esté, como si fuera jalado violentamente hacia atrás. Por esta razón, como también le ocurre cuando come, ha empezado a sospechar del cuenco en que come. En estos últimos días definitivamente, cuando le servimos, ni siquiera se acerca al plato. Ayer metí la mano al cuenco y comió de mi mano. En mí sí confía y felizmente no le dio ningún rebobinado cuando comía de mi mano.
Ayer estaba en la cocina, mirándome, esperando que le cayera algo y de pronto le dio ese terrible dolor que lo tira para atrás. Corrió a esconderse debajo de una cama. Esto es curioso: él se esconde cuando quiere escapar o no quiere ser sorprendido si, por ejemplo, se da cuenta de que andamos con planes de bañarlo. O sea, se oculta de alguien. Creo que cree que un ser invisible lo golpea y lo jala y se va a esconder donde mejor puede, en un lugar, debajo de una cama, donde cabe sólo él.
Parece que en la epistemología perruna, si sientes dolor, es que alguien visible o invisible lo está causando y lo que corresponde hacer es pues esconderse.

Esto me recuerda un episodio hace algunos años, cuando compramos un repelente para evitar que mearan sobre algunas plantas. Pues bien: Ernesto se acercó a la piedra junto a una planta donde habíamos rociado con el repelente, empezó a ladrar furiosamente contra una presencia invisible intuida y terminó echándose una meada en la roca. Hasta ahí llegó el uso del repelente.

domingo, febrero 05, 2012

Punga habla por asociación

Cuando quiere atún, me dirige a la nevera y se sienta frente a la puerta. Cuando quiere galleticas, se para junto a su cuenco. Eso me lo enseñó ella a mí.

La Punga es muy persistente. Por ejemplo, cuando quiere urgentemente algo, como comer en la cocina o salir -o sea, que le abra la puerta. Ha llegado a saltar sobre mí desde un lado de la cama, para despertarme. Cuando logra enlazarme, me dirige caminando delante de mí y mirando hacia atrás para asegurarse de que la sigo. Se comporta en todo como la vieja india de la película 'Un hombre llamado caballo'. La señora india había adoptado al héroe como esclavo y se paseaba por la aldea jalándolo por una cuerda, pretendiendo que era caballo -hasta le obligaba a relinchar. Pues, así me siento cuando la Punga me dirige: como si me fuera jalando con un cordel.

Juanito roba las mantas del dormidero

Juanito es el único que interviene su entorno. Ayer retiró las mantas de las cajas-camas (que no tienen uso exclusivo) y las puso en su propia caja, haciéndose una cama más blanda y dejando que los otros duerman sobre el cartón.
He contado que Amada mea su cama casi todos los días. Juanito se encarga de empujar o jalar la caja meada y fétida hacia el patio, y a veces la ha llevado hasta más atrás, donde pega el sol.
Sin embargo, los otros no lo imitan... todavía.

jueves, enero 26, 2012

Ramón aprende a reír

En estas últimas dos semanas han pasado cosas extraordinarias:

1. Ernesto apredió a lamer, como los otros. Hace unos días me lamió por primera vez, aunque posteriormente ha dejado de hacerlo. Dicho sea de paso, creo que Ernesto tiene un déficit de socialización y le cuesta expresarse emocionalmente. Estoy seguro que se siente inmensamente protegido y es feliz.

2. Ramón aprendió a reír. Sí, fue una visión formidable, Ramón sonriéndome por primera vez. Ramón es el más viejo, de doce o trece años, según nos dijeron las veterinarias. Nunca había aprendido a reír. Es igualmente inmensamente feliz.

3. Lolita nunca olvida de agradecer después de comer. Tras comer, que toma su buen tiempo pues es la más lenta de todas, se acerca adonde esté y me ríe y me lame las manos o las rodillas. Enseguida se marcha a buscar un sitio donde echarse la siesta. Y a veces se acerca y solamente me mira, y se marcha. Parece que es su manera de decir gracias.

4. Juanito nunca olvida saludarme cuando entra a casa y es lo primero que hace. Se alza y pone sus patas delanteras en mis piernas y me lame las manos.

5. Ayer se rebalsó el depósito de agua y salí pues corriendo a apagar el motor. Apenas abrí la puerta, Juanito se puso delante de mí y echó a correr, guiándome claramente, hasta la boca de la manguera, donde se puso a mirarme, a ladrar y a mover la cola. "¡Oye, por aquí está saliendo el agua!" Juanito es inmensamente inteligente. Es feliz. Adora que su madre (la Pepa) lo acepte en su regazo, donde se echa a dormir plácidamente. Le encantan los extraños, sobre todo el tesoro en olores que trae cada uno de ellos. ¿Qué leerá en esos olores?

6. Vi lo siguiente: entró la Punga desde el jardín y al llegar a la puerta de la cocina se detuvo y oyó ruidos que venían de sus cuencos en la cocina. Se instaló al lado de la puerta, y cuando venía saliendo de ahí pues Nora que era la que hurgaba por ahí, le mandó unas amenazas de arañazos. Le está diciendo: "¡Cuidado, desgraciada, te pillé chupeteando mis platos!" Eso es justamente lo extraordinario, porque no reacciona así con Lolita ni Ernesto, por ejemplo, que cuando ella come, a veces, se echan a esperar que termine para ir a chupetear lo que quede y se empiezan a acercar apenas ella se aleja de los cuencos. Punga deja a veces una que otra sobra. A veces no deja nada.



miércoles, noviembre 23, 2011

Punga y Lolita se dan un beso

Estaban en la puerta, en el primero de dos escalones, Punga y Lolita, nariz contra nariz, y Lolita le dio unos lengüetazos en la cara y la Punga dio un respingo, totalmente espontánea, y se echó hacia atrás y se entró. Eso fue un beso.

Punga andaba de parranda

Los perros Ramón, Lolita, Nora y Ernesto me despertaron gimiendo en el pasillo a eso de las cinco de la mañana y yo pensé que querían salir a mear (ese es el convenio que hemos firmado). Así que salieron reluctantemente, Lolita incluso quiso devolverse y en lugar de salir corriendo hacia el patio, se quedaron junto a la puerta. Era evidente que no era por eso que me habían despertado. Así que abrí la puerta principal y ahí estaba la causa: la gata Punga volvía tarde de la parranda. Seguramente se puso a llamar frente a la puerta y los susodichos me fueron a despertar para que le abriera. Les abrí para que entraran. Seguramente se habrán reído de mí.

lunes, octubre 31, 2011

Ernesto y su sentido de urgencia

Cuando Ernesto quiere salir al patio, se sienta junto a la puerta y la araña, para volverse enseguida hacia mí o la Pepa. La idea es que le abras. Pero no es urgente, puede esperar, como ocurre a veces que no reaccionas de inmediato a abrirle la puerta porque estás ocupado en otra cosa.
Pero cuando es urgente hace lo mismo: se dirige a la puerta, la araña, pero en lugar de volverse a mirarnos, se queda parado con la cabeza contra la puerta, sin volverse a mirarnos. Eso significa: Me tienes que abrir ahora!
Lo más increíble de todo es que nunca le hemos enseñado ese código. Son inventos de él.

Ernesto y Nora bailan salsa

Anoche la Pepa y yo nos pusimos a bailar salsa y en cuestión de segundos se nos unieron Nora y Ernesto, mientras Ramón y Lolita miraban. Nora se levanta en sus patas traseras y se acerca a mí, o a la Pepa, para que la llevemos por sus patas delanteras. Ernesto es todavía más impresionante, porque se pone frente a alguno de nosotros y agacha la cabeza moviéndola de un lado a otro y mueve las patas delanteras, como cuando nos llama la atención -que es como que araña- y gira sobre sí mismo. Impresionante. Luego se unió Lolita, pero es coja y no puede hacer lo mismo que Nora. Pero todos riendo y disfrutando del baile. Y no estoy antromorfizando nada.
Obviamente saben cuando estás alegre y comparten la alegría, recurriendo a tu idioma -o sea, riendo y moviéndose como tú -de cierta manera, imitándote. Muchas veces los chuchos en casa parecen más bien monos: pueden ser muy comunicativos y te gastan bromas -como ladrar anunciando extraños para que abras la puerta y meterse a la mala (no invitados) a la casa.

lunes, septiembre 12, 2011

Ernesto se comunica

En estos últimos meses, Ernesto y yo nos comunicamos mucho mejor. Estoy convencido que el afecto mutuo es fundamental a la hora de elaborar formas de comunicación de manera espontánea, y a la hora de comunicarse sin protocolos previos.
Ocurre a menudo que me recluyo a descansar, o ver tele, en el cuarto 3. Ernesto va a verme. Si la puerta está entreabierta y quiere verme, la empuja y entra, y salta al sillón y se acomoda a mi lado. A veces se echa a dormir así. Si la puerta está entreabierta y quiere decirme que tiene hambre o que cree que la comida está lista (porque ha estado oyendo hervir la cacerola), entra, mi mira con los ojos grandes y cara de loco (la misma cara que pone cuando lo bañamos) y vuelve a salir para golpear nuevamente a la puerta por fuera, pero sin entrar. ¿No es impresionante?
Si la puerta está cerrada, golpea. Pero si lo que me quiere decir es que tiene hambre, cuando le abro no entra sino que permanece ahí, por fuera, y vuelve a golpear la puerta, aunque esté abierta.

lunes, marzo 28, 2011

Lolita defiende a Ernesto

El sábado estaba sentado a la puerta de la biblioteca mientras Lolita dormía a mi lado y Enesto daba un paseo por los quioscos. De pronto lo atacó un perro grande -un labrador diez veces más grande. Ernesto se puso a gritar y escapó. Lolita despertó y se puso a ladrar contra el agresor, pero sin atacarlo ni avanzar.

Era tan claro que le estaba reprochando que le pegara a Ernesto.

jueves, marzo 24, 2011

Ramón durmió en la cama grande

Ramón, al que nos costó un año que perdiera el miedo a entrar en casa, ahora que entra más libremente para echarse en el recibidor ha empezado a explorar el resto de la casa. Hace unos días lo encontramos despaturrado en nuestra cama matrimonial. Cuando vio a la Pepa, escapó hacia su lugar habitual, una manta y un tapete imitación pelaje de cordero (que llamamos vellocinos), tipo indestructible (muy adecuados para perros). Claro, dice Ramón, no hay ninguna comparación posible. La cama es de lejos mejor. Con sus treinta kilos, el vellocino le debe parecer un pariente super lejanísmo del colchón para humanos.

Deberíamos hacerle un colchón grueso, blando, alto y cómodo a la medida. Seguro que dormir en cama humana es algo que no había imaginado nunca.

Punga mató a un ratón y se lo comió

En la mañana descubrimos que había cagarrutias de ratón en la cocina y en la despensa, y descubrimos que Punga también lo sabía. Punga estuvo rondando por ahí gran parte del día.

En la noche oí gritar a Pepa, que estaba en la cocina. Y ahí estaba la Punga con el ratón patas arriba y entre sus garras. Antes de que intentáramos quitárselo, un terrible crujido nos dijo que la gata había triturado su esqueleto. Se lo tragó y masticó y se relamió los bigotes cuando todavía no salíamos del asombro. Dejó el rabo con una parte carnosa llena de sangre. Se comió incluso la cabeza.

Hay por lo menos un ratón más, y no sabemos cómo decirle que mejor se va.

viernes, enero 21, 2011

punga mató a un murciélago

La Punga mató a un murciélago y lo dejó en el huerto.

La Punga entró corriendo a casa con una lagartija en su boca. Le pegamos un grito (la Pepa y yo), soltó a su presa y corrió a esconderse en la parte de atrás. La lagartija se metió por debajo de un librero. Al día siguiente la encontramos arriba en una viga, lo que quiere decir que pasó la noche en casa. Abrimos la puerta, por donde daba el sol, para indicarle la ruta de escape. Luego la empujé un poco con un papel. Empezó a acercarse. Un minuto después estaba tomando sol en la escalera.

¿Qué pasó con el murciélago?

jueves, diciembre 02, 2010

ernesto entra voluntariamente a la cárcel

Parte 1.
Antes de ayer Ernesto trató de escapar y Pepa lo sorprendió. Reprochándole el intento de fuga, lo puse en el suelo y se echó a correr hacia la cárcel, que tenía puerta cerrada. Se quedó esperándome hasta que me acerqué y abrí la puerta del canil donde pasaría, en castigo, las próximas horas, probablemente durmiendo en la caseta que hay dentro del canil, encima de un blando cojín. Pues esa es la cárcel, una jaula grande que construimos cuando adoptamos a Amada y Juanito, que tenían ambos sarna y debíamos apartar del resto. Una vez curados, la jaula quedó inútil y hace las veces de cárcel.

Sin embargo, me confirmó que Ernesto y yo compartíamos el mismo código con respecto a la jaula; que el encierro es un castigo severo por faltas graves, como tratar de escapar. Como ya le había castigado algunas veces, estableció la relación entre escapar -tratar de escapar o volver después de la fuga- y el turno en la jaula. Eso me parece extraordinario.

Detesto no poder resolver este dilema: a mí no me parece mal que los perros anden en la calle. Al contrario, creo que tienen derecho a salir a pasear y a ver a sus amigos y jugar sus juegos. También escucho que andar sin supervisión puede ser peligroso para ellos. Es verdad. Pero corren el mismo peligro sin o con supervisión, y a veces todavía más. Si sales con tus perros y los sueltas, como hago yo, en cualquier momento puede uno de ellos correr hacia la calle y morir arrollado por un auto, y ese riesgo es mayor si lo empiezas a llamar para evitar que lo arrollen. También creo que el riesgo es una condición de la autonomía.

Sin embargo, aunque no religiosamente, cuando Ernesto se escapa, lo meto a la cárcel. Incomprensible. Bien, a partir de hoy la jaula no se usará más como cárcel sino como sala de descanso. De hecho, ya la empezaron a usar así. Días atrás, Nora salió de casa al jardín (ahí está el canil) y se metió a la cárcel a echarse una siesta. También sorprendí a Juanito en el canil, una vez que entró clandestinamente al jardín.

Parte 2.
Hace unos días entraron de noche al jardín huerto Amada y Juanito. No creo que Ramón, porque sino los destrozos habrían sido mayúsculos. Pues bien, no destruyeron nada porque se fueron directamente a las trenzas de cochayuyo que había colgado la Pepa para secarlas y se dieron una tremenda panzada, y uno de ellos se comió entera la calabaza de decoración que había puesto yo en el rincón sureste. Se volvieron a dormir y cagar al otro lado -al trastero. Y el jardín huerto quedó intacto.

Parte 3.
Pillé Punguita saltando encima de unos pájaros que estaban parados encima de la parrilla. La reté y se echó a correr hacia el tejado de la casa del lado y saltó pal bosque. Volvió al rato, como si nada.

jueves, noviembre 18, 2010

punga viene en mi ayuda

Hace unos días, los perros estaban jugando en casa, con mucho movimiento y ladrido, y pronto estábamos todos en el jardín. Los perros siguieron jugando allá. De pronto aparece la Punguita, desde debajo de uno de sus escondites preferidos, y se acerca a los perros, maullando y claramente en actitud de querer atacar. Estaban Lolita, Ernesto, Nora y Amada (Amada sólo miraba). ¿Pensaba Punguita que me estaban atacando y venía en mi defensa? Es lo que yo sospecho, aunque me parece extraordinario. Entonces suspendí el juego y corretié a la Punga, que se marchó a regañadientes y se instaló a mirar desde el tejado vecino.

domingo, octubre 24, 2010

cómo están los chuchos

Me he prometido hacerme más tiempo para apuntar las cosas interesantes del día a día de nuestros amigos perros: Ramón, Amada y Juanito (los externos; duermen en el trastero, en cajas con vellocinos y mantas) y Lolita, Nora y Ernesto (los internos), y la gata Punga.

Desde hace un tiempo Ramón ha empezado a entrar en casa. Ahora solemos invitarlo a entrar en la tarde, a la puesta de sol, hasta la cena (segunda comida del día). Hace unos días escuchamos sorprendidos un crunch crunch muy jugoso y sorprendimos a Ramón comiéndose una pera que había sacado de la frutera, que queda a su altura. Ayer volvió a comerse una pera. Parece que las encuentra irresistibles.
Antes, Ramón no comía fruta fresca, cruda (aunque sí cocidas), pero lo ha aprendido de los cachoros (Amada y Juanito). Los dos cachorros comen fruta fresca y verduras como zanahoria o apio, y cochayuyo, fresco o seco. Los adultos han reaccionado de manera diversa. Ramón, que vive con ellos y les imita en todo, ahora come de todo.
Ramón ha aprendido mucho con los cachorros. Yo presiento que llevó una vida muy solitaria, siempre amarrado (todavía tiene la huella de una cadena en su pata) y siempre fuera. Ramón, por ejemplo, nunca quiso entrar a casa. No había modo de hacerlo entrar. Hasta se ponía a aullar en protesta. Fue una sorpresa que aceptara dormir en el trastero (debido a que tenía que cruzar un umbral). Nos tenía pavor. Si yo levantaba la mano para espantar una mosca, se echaba a llorar y se escondía en el cuarto. Todo eso ha cambiado. Ese Ramón ya no existe. Igual sigue muy racatado, excepto en el capítulo peras. Por ejemplo: cuando, estando dentro, presiente que voy a servir la cena, se acerca a la puerta para salir, pues come fuera.
Nota. El otro día entré al trastero a reprender a Amada por algo, que ahora no me acuerdo qué era, y Ramón me ladró. Curioso.

Lolita. Se ha escapado prácticamente todos los días, pese a las ramas con espinas que pusimos en la muralla por la que escapan. Se trata de una muralla cubierta de enredaderas de cerca de un metro de alto. Así, para dificultar su fuga pusimos ramas espinosas en los lugares más bajos. Tenemos todavía un debate sobre el tema 'fuga de los chuchos'. Los chuchos se van a escapar siempre. A mí me parece que tienen todo el derecho de andar libremente por la calle. También tienen sus amigos, y son curiosos, como nosotros, porque son mamíferos. Y ellos no entienden por qué se les prohíbe salir o se les reprende cuando escapan. Es verdad que los coches son un peligro. Ramón fue toponeado por un coche no hace mucho. Felizmente sólo sufrió un moretón. Debería haber más stoppers o lomos de buey en las calles para obligar a los automovilistas a disminuir la velocidad en zonas residenciales. Eso antes que encerrar a los chuchos. Es verdad que, fuera, comen desechos, y pueden enfermar. De hecho, Lolita se ha enfermado frecuentemente en la última semana, en que el pueblo se ha llenado de turistas y las bolsas de los restaurantes se ven más sabrosas que nunca. En fin, que trato de que no escapen, pero no me puedo convencer de la razonabilidad de mis acciones.
Lolita me acompaña a la biblioteca, y me espera las cuatro horas que me quedo allí. La última vez Ernesto se agregó al séquito. Estaba feliz. No se me despegó en ningún momento, y me esperó todas esas horas. No cabía en sí de felicidad.
Lolita se enfadó conmigo hace unos días. Estaba yo sirviendo un tentempié a los chuchos y aparté a Nora con el pie (suavemente, pero firme) cuando se adelantó a ocupar el lugar de Lolita. Lolita se paró. La volví a llamar y entonces apareció Amada, con las mismas intenciones. También la aparté con el pie. Y entonces Lolita se dio vuelta y se marchó y se metió en una caja, y desdeñó la croqueta, pese a que era una de sus preferidas. Me parece que Lolita me ha estado interpretando y me reprocha que los haya apartado con el pie, o quizás pensó que eso era lo que le esperaba, puesto a las otras dos las había apartado con el pie cuando, en su opinión, habían acudido a mi llamado (esto porque, como sabe toda persona que vive con más de un perro, cuando se llama a uno acuden todos, y eso es prácticamente imposible de superar. En el mundo de los perros, esas son malas maneras). Entonces me acerqué a ella y le ofrecí el refrigerio en mi mano, y lo acepto tentativamente, y después acerqué la mano para acariciarle la cabeza y respingó hacia atrás, con desconfianza (!), y luego se acercó y me dio unos besos en la mano. Supongo que fue su modo de decirme que aceptaba mis disculpas y promesa de no volver a hacerlo.

Nora. Hace quizás uno o dos meses pregunté a Nora, que estaba dormitando en una caja en la salita, qué dónde estaba la pelota (una de las dos pelotas de tenis que les traje de un viaje a una ciudad cercana). Nora se levantó y empezó a dar vueltas y finalmente me llevó a mirar detrás del revistero de mimbre, en un rincón. Enseguida le pregunté que dónde estaba la otra pelota y me llevó a abrir la puerta y salir a la terraza, indicándome hacia el patio. Fui a mirar, pero no encontré nada. La pelota la tenía Ernesto, que se la había llevado a su rincón en el dormitorio. Nora entiende un buen montón de palabras, como agua, camita, comida, comer, dormir, salir, paseo. Ayer me enfadé mucho con ella en el paseo porque cuando pasaba algún perro, acompañado o no, se erizaba y empezaba a jalar de la correa aparentemente para amenazarlo. La puse en el suelo y la reté.

Ernesto está ahora mucho más cariñoso que antes, y más dócil. También reclama su derecho a salir de vez en vez. Ahora me mordisquea las manos, que no hacía nunca. Tiene más intimidad conmigo; me araña los pantalones cuando tiene hambre, golpea la puerta cuando quiere salir urgente a mear al patio. Hoy se escapó en la noche, y no nos enteramos hasta que lo oímos gruñir a Juanito, el que, dicho sea de paso, se muere de la risa de los desplantes de Ernesto. Pero también lo delata su saludo: viene corriendo a toda velocidad hacia mí y me salta encima, llorando. Eso quiere decir que viene de lejos! Pero él está tan emocionado y contento de verme, que se olvida de fingir que nunca ha salido de casa. Cuando se acuerda, ya es demasiado tarde.

Quedo debiendo los capítulos sobre Juanito y Amada.

martes, septiembre 07, 2010

Ernesto se puso a llorar

Hoy martes llevé a Ernesto conmigo a la pescadería. En el camino de vuelta empecé a reprocharle que hubiese marcado un mueble que hay en el comedor de don Juanito, el pescadero en su casa, y, antes, un saco de alimento para perros en el supermercado. Pues, bien, se paró y se echó a gemir, muy disgustado conmigo. Pensé que a lo mejor se había dañado una pata, pero nada.
¿Cómo entender esto, si acaso es efectivo y no me estoy pasando películas? Ernesto se habría echado a llorar porque yo le reproché su falta de tino. ¿Es posible?

domingo, junio 20, 2010

punga le pegó a ernesto

Punga le pegó a Ernesto. Eso creemos, porque lo oímos gritar y aullar, y corrí por el pasillo para ver qué ocurría y encontré a Roberto detrás de la puerta del dormitorio, muerto de miedo, cuando la Punga venía saliendo, y me miró contrariada, con aire de culpable, y echó a correr hacia el cuarto de la tele, de donde la saqué persiguiéndola y reprochándole no tener motivos para agredir a Ernesto.

Sospecho que yo tuve la culpa de su estallido. Después de estar un rato en el jardín, o quizás en su nido (que es un montón de paja que hay en el jardín de al lado en una estructura muy curiosa que consiste en tres altísimos pilares de cemento que suben por la ladera hasta nuestro nivel, y encima de los cuales hay una plataforma triangular que da cobijo a un pequeñísimo jardín semiabandonado... digo, ahí, con vista a la bahía, hallé el nido, que no sé cómo llegó ahí, y ahí se pasa la Punga gran parte del día), se dirigió inmediatamente hacia mí y empezó a como querer jalar mi silla con las garras, que es algo que hace siempre, y le dije que no la podía atender en ese momento y que no me molestara. Pues bien: se marchó a la cocina, volvió enseguida y se subió a su cojín en mi escritorio (hemos puesto ahí un cojín de silla de terraza, de modo que puede estar vigilando a todos los perros que hay en casa sin temer que la ataquen, y cerca de nosotros), para empezar a restregarse contra un libro que había ahí, que en realidad estaba protegiendo a una planta que hay en una maceta y que yo había puesto ahí momentos atrás. Temiendo que empujara el libro la maceta la grité. Pues se sentó un ratico, muy enfadada, y enseguida saltó al suelo y se marchó. Fue entonces que oímos los aullidos.

Estoy seguro que actuó por despecho, porque tenía rabia de que la hubiera tratado así y cuando sintió y olió que Ernesto estaba detrás de la puerta del dormitorio (ahí tiene una camita, que es un cojín y un saco de dormir de colores doblado en varias partes), lo fue a atacar para sacarse la bronca y además porque sabe que Ernesto es mi protegido. Tenía la venganza a la mano.

También es verdad que Ernesto es muy alaraco y que a veces grita para llamarte la atención (para que no lo pises, por ejemplo), o simplemente de miedo -y no por dolor.
Examiné a Ernesto y no tiene nada. Así que no sé qué pensar. ¿Pero entonces por qué salió la Punga con aire de culpa y mirándome tan feo, y escapando?

En fin, luego volví al dormitorio y la encontré durmiendo en una profunda hendidura entre las almohadas. La acaricié la cabeza, y la cubrí con la esquina de la colcha, dejando su cabeza afuera. Y le dije que me perdonara por haberla tratado así.

Ernesto salió en esos momentos al pasillo y se sentó junto a la puerta del baño, que es uno de sus lugares favoritos. Lo examiné -bueno, como no veo muy bien, le recorrí el cuerpo con la mano para ver si le dolía o tenía sangre- y no le encontré nada. Le dije que se fuera a dormir a su camita, lo que hizo enseguida.

Una hora después, cuando la Pepa la fue a ver, la Punga estaba durmiendo en la misma posición.

No sé. A lo mejor me pasé una película. Pero la Punga estaba de verdad muy, muy enfadada conmigo.